lunes, 23 de febrero de 2015

LA SERENA

Dentro de la asignatura Cultura Asturiana, optativa que imparto este año, tras el primer trimestre, donde ubicamos Asturias en el mapa, conocimos límites y como no apreciamos el espacio y ubicación de Allande, decidimos trabajar los seres mitológicos asturianos, que por lo general, se prodigan en nuestro hermoso bosque, tema central de nuestra Semana Cultural.
 La primera en tomar cuerpo en nuestras aulas, ha sido la Serena.  A partir de la imagen escribimos las características principales de la misma, y los poderes  que dicho ser utilizaba para encantar.En muchas leyendas la Serena aparece como madre de linajes, como es el caso del apellido gallego, Mariño, ya que se cree que en el siglo XVII el Conde don Froilán hizo de una Serena su esposa.
Evaristo Casariego hablaba del héroe popular el Gaviluetu que según los valdesanos, eral hijo de Serena y vikingo.
En algunas leyendas asturianas, gallegas y portuguesas se dice que el origen de las Serenas es una maldición de Dios o de una madre furibunda contra su propia hija.
"La Serena de la mar
ye una moza gallarda
que por una maldición
arrojóla Dios al agua"
Cuenta en el Puntal de Villaviciosa y en otros concejos asturianos.
 En otras historias se trata de una joven que desatiende sus quehaceres y la madre le grita:
"Permita Dios, le faigas peixe".
En Serandinas (Boal) decían que los pescadores rezaban antes de embarcar. 
"Dios nos libre de la tormenta o d'oír cantar la Serena"
Puesto que su canto provocaba somnolencia y la tripulación terminaba por naufragar al estrellarse la embarcación contra los escollos.
Pero las Serenas, no aparecen solamente en las costas asturianas, sus leyendas se vuelven mucho más complejas en los ríos y fuentes del interior de Asturias.
En Veiga'l Horru (Cangas del Narcea) se habla de una Encantada que bajó por el río cargada de oro, hacia el mar donde se transformó en Serena.
En el mismo Concejo se habla de otra Encantada, mitad mujer mitad pez, que raptaba críos, y que solo pudieron matarla arrastrándola de los pelos con la fuerza de dos bueyes. Ésta lanzó uno de sus cabellos junto con una maldición:
"Adiós miou pelu celemín, que tous los años m'entregues un pelegrín".
Desde entonces el día de Santiago, nadie se baña en el río, puesto que se ahogaría a causa de una maldición.
Y ya en nuestras tierras, cerca de Cornollo se conocía también la presencia de una Serena, que bajaba desde Contín al embalse.